En una entrevista, Fidel Castro le comentó al periodista italiano Gianni Mina que a él, al parecer, lo protege San Fidel de Sigmaringa. El comandante no sabía mucho de ese personaje, que lo consideraba “mi patrón, que me ha protegido…” Pero sabía y sabe de la posibilidad de la muerte, que la definió en una ocasión como “ley biológica” que se cumple. Al periodista argentino Miguel Bonasso le dijo que “el tiempo pasa y las energías se agotan”; que la vida “tiene sus leyes inexorables”. Mucho antes, en 1966, en un discurso, Fidel Alejandro Castro Ruz advirtió de la necesidad de que “seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos”.

Considerando que el pasado 13 de agosto el ex Mandatario cubano cumplió 86 años, y que estuvo o está aquejado de una grave enfermedad, la posibilidad de la muerte, en realidad, se vuelve más natural.

Es innegable, por crudo que pueda sonar, que su fallecimiento será noticia y de impacto internacional.

Sin embargo, hace tiempo ya que muchos medios de prensa -casi siempre resaltando vocerías de anticomunistas y contrarios a la Revolución Cubana- convirtieron la posibilidad de muerte de Fidel Castro en motivo de especulación, espectáculo, expectativas, controversias, llegando a “informar” que el líder isleño está con un aneurisma cerebral, con alzheimer, con una apoplejía, con problemas cardíacos, con diverticulitis de colon, cáncer y otros males. En 2007, el diario La Tercera, aquí en Chile, dedicó una página entera a una nota que tituló “El protocolo de La Moneda para la muerte de Fidel Castro”, donde se habló del “tratamiento protocolar” que la entonces presidenta Michelle Bachelet daría a la circunstancia del deceso del comandante y hasta las tensiones que había para decidir la comitiva que viajaría a La Habana.

Nada sucedió, y algunos en Cuba se lo han tomado hasta con gotas de humor, como cuando leyeron el artículo de John Anderson, del The New Yorker Magazine, donde contó que “muchos cubanos creen que Fidel es el beneficiario de alguna clase de droga milagrosa de vida o que, hace años, los sacerdotes yorubas le otorgaron una longevidad especial”.

Hay que decir que cuando enfermó, fue el propio ex Mandatario quien dio las primeras luces de lo serio de su dolencia. Indicó que “un estrés extremo…me provocó una crisis intestinal aguda con sangramiento sostenido que me obligó a enfrentar una complicada operación quirúrgica. Todos los detalles de este accidente de salud constan en las radiografías, endoscopías y materiales filmados”.

Revisando los medios internacionales, como BBC o La Jornada, se descubre, eso sí, que no son enfermedades lo que ha tenido a Fidel Castro más cerca de la muerte.

Después del asalto al Cuartel Moncada, en 1953, que marcó el inicio de la lucha armada de los rebeldes cubanos, Fidel, al igual que otros insurgentes, debió replegarse a las montañas de Santiago de Cuba. Por el agotamiento, se quedó dormido en un área rural. Lo encontró un sargento de las fuerzas de la dictadura de Fulgencio Batista, que estaban torturando y matando a todos los atacantes del Moncada. Sin embargo, ese uniformado despertó al jefe del movimiento y lo llevó detenido, vivo, ante las autoridades, en lo que se consideró un gesto de mínimo honor militar; y le salvó la vida al que sería jefe de Estado de Cuba. Fidel estuvo en el Bogotazo, cuando asistía a un congreso estudiantil como delegado de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), y escapó milagrosamente, en medio de aquella revuelta histórica en Colombia, de ser abatido por los disparos de la policía.

Hay otro antecedente revelado hace poco tiempo por el ex general del Ministerio del Interior de Cuba, Fabián Escalante, en cuanto a que el líder cubano fue blanco de 634 atentados en contra de su vida. El oficial escribió un libro con toda la documentación, donde se reportó que la Central de Inteligencia Americana (CIA) creó en 1961 el Departamento ZR/Rifle que tenía como objetivo aniquilar dirigentes cubanos, con Fidel como prioridad. Los métodos utilizados: venenos letales; explosivos plásticos; tabacos con sustancias peligrosas; granadas para ser lanzadas en plazas públicas; fusiles con miras telescópicas; agujas con venenos mortales; cohetes para bazucas y morteros; cargas explosivas poderosas ocultas en panteones o en alcantarillas soterradas y otras más.

Morir en Chile.

Fidel Castro Ruz pudo morir en Chile. Asesinado. En la entrevista a Gianni Mina, el propio ex Mandatario relató: “Cuando viajé a Chile y visité a Salvador Allende, fui en un carro abierto durante kilómetros y kilómetros, entre un millón de personas; era sin duda, peligroso. A pesar de que no anunciamos el viaje hasta última hora, se supo y se movilizaron a toda velocidad diversa gente armada, agentes de la CIA con pasaportes de periodistas, credenciales de periodistas. En cámaras como ésas metieron las armas. Incluso hubo un momento en que yo estuve frente a las cámaras en una entrevista de prensa, y estaban las armas en las cámaras. Ahora, ni dispararon porque no son fanáticos, no son suicidas”.

Añadió en su relato al periodista italiano que “después me estuvieron cazando por todo Chile, por todas partes. Ese viaje fue realmente muy peligroso, porque ese tipo de recorrido en carro abierto, en esas condiciones allí, donde entraba y salía mucha gente. Quizás el viaje a Chile fue uno de los momentos más peligrosos” enfatizó Fidel Castro.

En una entrevista con el periodista Jean Guy Allard, el ex general Fabián Escalante narró: “Recuerdo que en 1971 surgen informaciones relativas a un complot para asesinar al Comandante durante su viaje a Chile en el cual estaba involucrado (Luis) Posada (anticomunista ligado a operaciones armadass en contra de Cuba). Después, años más tarde, se conocieron los detalles. El complot era realmente diabólico. Su primera fase consistía en utilizar una cámara de cine para ocultar un revolver con el cual dos testaferros de Posada y acreditados como periodistas venezolanos, debían actuar contra el líder cubano durante una conferencia de prensa a su ingreso en Santiago de Chile. Para tales fines, Antonio Veciana y su grupo Alfa 66 habían introducido armas y explosivos para disponer de otras alternativas para asesinar al Comandante en Jefe, en caso de que el primer intento fracasara”.

Escalante indicó que “Posada y Veciana se habían puesto de acuerdo con el coronel de carabineros chileno Eduardo Sepúlveda, responsable de la seguridad en el local donde Fidel daría la conferencia de prensa, para que en vez de apresar a los asesinos, los eliminara y así evitar cualquier indiscreción”.

Juan Reinaldo, un opositor a la Revolución Cubana y crítico del líder cubano, escribió en un reporte periodístico que en 1971 “dos supuestos periodistas, con credenciales de la cadena televisiva Venevisión, introdujeron un arma dentro de una cámara, la cual accionarían durante el desarrollo de la conferencia de prensa con el dictador cubano. Ya con todo dispuesto y la cámara a unos escasos metros de la posición que ocuparía Castro, quienes debían disparar el arma no se decidieron a hacerlo. El gobierno chileno y el G-2 vinieron a enterarse de la acción mucho tiempo después”.

Reinaldo publicó que “durante esa visita a Chile también se concibieron otros tres intentos de atentado. Uno consistía en dispararle a Castro con un fusil cuando saliera al balcón del Palacio de La Moneda. El disparo se realizaría desde el Hotel Carrera Hilton. Un segundo plan estaba estructurado para lanzarle explosivos desde la terraza del aeropuerto internacional de Lima cuando su avión hiciera escala en Perú durante el regreso a Cuba. El último se realizaría durante otra escala en Quito, Ecuador, y consistía en dispararle con un fusil de mira telescópica desde un avión situado cerca del que usaba Castro”.

Pero el testimonio clave lo dio el propio anticomunista Antonio Veciana (citado por Fabián Escalante) entrevistado por el conductor de televisión Edmundo García en 2007. Veciana dijo que en 1971 “nosotros utilizamos a personas que eran expertos, conocían cómo se desarrollaban las conferencias de prensa que daba (Fidel) en Cuba. Nos informaron que posiblemente, las personas que fueran, iban a tener que dejar las cámaras en la antesala y las van a revisar. Pero usando un arma pequeña, y escondiéndola en ciertos sectores de la cámara, no va a ser detectada el arma. Las credenciales eran correctas, porque ellos llegaron con credenciales de Venevisión. Llegaron a Santiago de Chile mucho antes que Castro”.

Consultado por García si estuvo en la organización del atentado, Veciana afirmó “sí, como no. Yo estuve en Chile. Fui entrenado para eso”. Cuando el conductor le preguntó quién lo entrenó, Antonio Veciana contestó: “La CIA me entrenó”. Y consultado sobre si la CIA colocó esa arma, respondió: “Ellos me dejaron mucho espacio. Ellos sugirieron lo de la cámara”.

La conferencia de prensa era en un salón de La Moneda, junto a Salvador Allende, conducida por el periodista Augusto Olivares (que murió en el palacio presidencial el día del Golpe de Estado).-

 

 

 

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